Exposiciones

Exposición Amor y Muerte. La Suite Vollard.

Galería Municipal de Bratislava

Artista: 

Pablo Picasso

Comisario: 

Fernando Castro Borrego

Location: 

Bratislava, Slovakia

Día de inicio: 

08/09/2011

Día de finalización: 

13/11/2011

En los 100 grabados en cobre de la Suite Vollard que Pablo Picasso realizó entre 1937 y 1938 el tema dominante es el deseo erótico como motor del acto creativo. No hay nada parecido en el arte del siglo XX. Todo gira en torno a la imagen de la mujer. Cabe afirmar que en dicha serie el artista intentó fijar sin prejuicios su idea de la relación entre los sexos. El mundo de Picasso esta organizado como una lucha (agon). La acción de la pintura se desencadena como un conflicto de contrarios, en el sentido de la filosofía de Heráclito. La discordia y la diferencia son el origen de la vida. Nada más lejos de la “noble sencillez y la serena grandeza” que Winckelmann le atribuyó al arte griego. El artista es el demiurgo que organiza el mundo sin dejar de ser un sujeto deseante. Observa y al mismo tiempo participa en la acción. Este desdoblamiento es fascinante. Los dos sentidos que intervienen de un modo primordial en esta constelación de imágenes son el tacto y la vista. El primero aparece representado en la figura del escultor, el segundo en la del pintor. Pero en un sentido más amplio se trata de una alegoría general de los sentidos. El oído y gusto también aparecen alegóricamente representados, respectivamente, en la idea del arte como armonía (música) y como banquete. Las figuras reclinadas se disponen a gozar. Este paganismo es de clara raigambre epicúrea. El epicureiso es representado en esta serie como un ideal filosófico de vida que nada tiene que ver con el vulgar hedonismo.

La exposición se completa con un conjunto de óleos que abordan no sólo la temática de la mujer como objeto del deseo (Suite Vollard), sino también su teoría de la visión. En este sentido son particularmente interesantes sus versiones de El pintor y la modelo, así como otras interpretaciones de la naturaleza femenina, como la mujer que llora y la maternidad. Temas que abordó a lo largo de su vida y que revelan hasta qué punto Picasso estuvo obsesionado por indagar en la otredad de la condición femenina, implicándose él mismo en el proceso de la visión y en la carga de afectividad de las imágenes. La representación del cuerpo de la mujer fue para Picasso una ocasión para describir los mecanismos libidinales de la visión del sujeto. Hay una relación especular entre el ojo y el cuerpo. La energía del deseo se refracta como la luz.

Tanto da que el sujeto que mira sea un hombre o una mujer. Más allá del pensamiento políticamente correcto y de los anatemas que sobre el artista han lanzado los estudios de género, que han tachado de machista su imagen de la mujer y de paternalista su visión de la sociedad, hay que efectuar una revisión profunda de estos tópicos con los que el pensamiento feminista se ha venido ensañando de un modo visceral y acrítico. Es simplista afirmar que La mujer que llora delata el sadismo del artista y que en la imagen de la modelo que posa desnuda ante el pintor sólo cabe ver la objetualización machista de su cuerpo. Cuando Picasso representa la brutalidad del hombre en la figura de Minotauro, el violador por antonomasia, sólo está reflejando un hecho cultural que no le impide, sin embargo, imaginar el momento en que la bestia ciega es guiada por la mano inocente de una niña. Pero en la Suite Vollard hay también un diálogo entre el hombre y la mujer. Ella es la amante, la compañera, la amiga, la cómplice. Qué duda cabe que el “ojo de Picasso” es masculino; negarlo sería absurdo. Y este es un tema que puede y debe ser tratado desde una perspectiva de género; pero al mismo tiempo resulta urgente revisar los tópicos que sobre esta mirada se han venido urdiendo al hilo de lo que sabemos de sus conflictivas relaciones con las mujeres que pasaron por su vida.